sábado, 25 de enero de 2014

Talk, talk

-- I made a strange discovery last night. You know, there is this girl next door, about 23 or 24, a bit chubby but quite a lay worth. Anyway, she has always been very correct, says "Usted" to me, has a dog that's quiet, she studies law and she has got a decent bloke as a boyfriend. She's quite educated, too, for she knows that Chopin wasn't a Frenchman. Anyway, last night, as I went out for cigarettes, I saw her downstairs messing around with some Colombian boy, a bold-headed lad of 16 or 17. She wasn't neither drunk nor high, she seemed to be very happy, though. As I asked her if everything was alright with her, she looked at me blank in the eye and started hysterically to cachinnate. The whole experience scared the shit out of me, so much, that I had to run away.

 -- Cachinnate. I don't need to as you where you learned that word, do I? By the way, no-one uses it in normal speech.

-- BUT IT HAS A SIGNIFICATION, even being insignificant. Well done anyway, Neil, you are a better reader than I thought. You got straight to the only fucking point that mattered in the story.

viernes, 24 de enero de 2014

Providencia (picture)

Roma IIa

No voy a cambiar a alguien que me hace falta por la idea absurda de un ser perfecto. La voy a extrañar, sí, pero voy a entender mi pérdida de modo total: sin flebotomías al estilo Willow Weep for Me, sin eufemismos de cementerio, en resumen, sin sesgos cenicientos en absoluto. Si yo en algún momento, durante esta nueva pena, me pusiese a pensar: "Oh, si ella ahora estuviese aquí, me comprendería, entendería mi dolor", lo que estaría haciendo en este momento sería honorar su recuerdo, pero tan sólo para yo así sentirme mejor.

Lo que sí podría suceder sería que cuando saliera a la calle, de pronto me encontrase con ella. Entonces, en vez de llevarme el asombro de mi vida, le repetiría las palabras ya una vez dichas: "Sabes, te apareces en el momento preciso." Y quizá, con algo de suerte, ella recordaría mi comentario (lo que sería muy improbable) y me reiteraría: "¿Es que aún no te has dado cuenta que siempre nos encontramos en los momentos clave?" Pero todo esto ya fue. 

Prisionera (pt. 1)

El texto, traducido al castellano por C. Manzano, dice literalmente:
Alcé la vista para mirar los mechones flavescentes y rizados y sentí que su torbellino me llevaba, con el corazón palpitante, entre la luz y las ráfagas de un huracán de belleza. (p. 148)
Texto original: "Je levai les yeux sur les mèches flavescentes et frisées, et je sentis que leur tourbillon m’emportait, le coeur battant, dans la lumière et les rafales d’un ouragan de beauté."
Páginas más tarde, sin embargo, y refiriéndose a la misma persona, se lee lo siguiente:
En la penumbra las sábanas estaban infladas en semicírculo [...] dormía con los pies y la cabeza pegados a la pared. Los cabellos, abundantes y negros, lo único que sobresalía de la cama, me hicieron comprender que era ella, [...] (p. 378)
Texto original: "Dans la pénombre les draps étaient gonflés en demi-cercle, ce devait être Albertine qui, le corps incurvé, dormait les pieds et la tête au mur. Seuls, dépassant du lit, les cheveux de cette tête, abondants et noirs, me firent comprendre que c’était elle [...]"
 ¿Fue esto acaso un error? No olvidar que, si bien se trata de uno de los más ambiciosos proyectos literarios jamás escritos, que precisamente estas dos citas pertenecen a un tomo póstumo de la obra. Quizá por ahí va la cosa. Un texto posterior a la muerte del autor, redactado por personas cercanas a él, pero que a fin de cuentas no lo escribieron. En realidad nadie sabrá a qué se debe esta tajante diferencia en las descripciones. Una cosa está clara: El autor repasaba sus libros y los reorganizaba hasta el agobio antes de entregarlos para su publicación. Especular que se trata de algo intencional significaría pensar que se tomó la licencia de una contradicción en favor de la forma. Claramente se trata de dos situaciones muy distintas, y si uno se fija, el color del cabello armoniza perfecto en cada una de ellas. Quizá hasta experimentaba con una variante de lo que se conoce como "falacia patética", sólo que mucho más sutil que la clásica. Quién sabe.

Prisionera


  1. Flavescente (p. 148): Perteneciente a flavo o flava (es decir, color miel, entre amarillo y rojizo).
  2. Flebotomía: Arte de "sangrar".
  3. Connivencia: Disimulo o tolerancia por parte de un superior.
  4. El asunto de los "dos francos", versión "De Bolsillo" (Manzano), p. 156: Inexistente en el original, ver p. 303/304. Igualmente inexistente en la versión inglesa de Charles Kenneth Scott Moncrieff (notable ya desde el título).
  5. Anhedonia, o la incapacidad de experimentar placer, ver: Neurastenia.
  6. Bering (alemán) = moenia (latín).
  7. Notas de V. Nabukov respecto a la faena de traducir (en sus lecturas sobre literatura rusa).
  8. El asunto con G. García Márquez, editorial peruana que sustituye su término: ?? por: "ápice". 
  9. El Asunto en G. de Maupassant en Madame Fifi, el problema de imprenta.
  10. C. Fuentes y su desastrosa "Laura".
  11. La miserable traducción de Celan por E.M. Fernández-Palacios y J. Siles (en segunda edición). "Spieldose" como "Cajita de juegos".
  12. Lo del ataúd y los bomberos, y lo del tabaco en "El amor en los tiempos del cólera".

Room with a view (picture)

jueves, 23 de enero de 2014

Gioconda

Partamos por lo siguiente: Nadie se mete a un cine mientras la película se encuentra en pleno desarrollo, enciende las luces, se para delante de la pantalla y le pregunta a los espectadores:
"Oye, a todos ustedes les gusta el cine, ¿verdad?"
Pero antes de tocar a lo que yo voy, un par de cosas por adelantado:
  1. Cuando una persona se sienta en algún lugar público en su tiempo libre, con un libro en la mano, y se pone a leerlo, lo hace por algo determinado: (a) dicho lugar ofrece la calma suficiente, (b) el rato libre a disposición es lo suficientemente extenso para abarcar una cantidad de lectura deseada y (c) el libro es lo suficientemente interesante como para dedicarle (a) y (b). 
  2. He notado que muchas personas tienden a iniciar una conversación con personas que se encuentran leyendo algo, como si esta otra persona estuviese tan, tan aburrida, que no encontrase otra cosa que hacer que ponerse a leer. 
Aquí el diálogo:

  • ¿A ti te gusta bastante leer, verdad?
    (Así, de la nada. No se le pasa por la cabeza fumarse su cigarrillo callada y dejar a la otra persona leer en paz).
  • Es que no me queda otra cosa que hacer en estos espacios de tiempo libre que se me presentan.   
    (Le responde un tanto molesto, casi indignado por la interrupción. Nada que hacer: La gente cree que tiene derecho a meterse en las actividades de otras personas, actividades que ellos mismos consideran exóticas).
  • Pero eso no responde mi pregunta... Te pregunté si te gusta leer.
    (Reclama una respuesta a su pregunta. (¿Acaso es muy difícil ver que a uno le gusta leer? Obviamente piensa que su comentario es mucho más importante que la lectura que acaba de interrumpir).
  • Si no me gustase leer, no lo estaría haciendo, ¿no crees?
    (Buscando un método de cortar ya este diálogo insustancial).
  • ¡Exáctamente eso quería decir!
    (Con esta última frase se rompe el diálogo abrupta y violentamente). 

miércoles, 15 de enero de 2014

Roma

Hodgepodge, es decir, un desorden de elementos mezclados entre si, un Mischmasch, como se dice en alemán. El autor escribe:
On one side of the ledger are the books man has written, containing such a hodgepodge of wisdom and nonsense, of truth and falsehood, that if one lived to be as old as Methuselah one couldn't disentangle the mess
Tras leer La Odisea de Homero llegué a la conclusión que, en analogía a los sueños, todos los personajes contenidos en aquella obra son en el fondo el mismo Ulises, aspectos todos de su personalidad, una segunda Odisea dentro de la primera, de la que relata las aventuras. Todos somos seres múltiples. Descubro ahora en esta cita que no sólo sucede en los sueños y en la Odisea sino que también en la realidad, y que esta Odisea es más seria que la de Homero y la de los sueños. Efectivamente, ¿cómo desenredar ese nudo de múltiples verdades y falsedades que somos nosotros en la visión de los otros? Es imposible desentenderse de este hecho y sabemos que determina en buen grado nuestra visión de nosotros mismos.

La cita me hace recordar las delirantes divagaciones a las que me había entregado aquella calurosa noche, sin poder dormir, sin poder hacer otra cosa que salir a sentarme al balcón [en aquel octavo piso y ponerme observar el helicóptero de carabineros que sobrevolaba la ciudad] a fumar un cigarrillo. Tenía sed y la botillería al frente del edificio tendría abierto hasta la una de la mañana. Lo pensé dos veces antes de decidirme a bajar, puesto que Liliana dormía en el sofá cama que compartíamos esa noche, utilizando la mayor parte ante la entrada al balcón: costaría un esfuerzo vestirme en tan escaso espacio y abrirme camino hacia la puerta del departamento, la pregunta sería cómo hacer todo eso sin despertarla. Opté por despertarla suavemente, como quien decide a llevar a cabo algo cuyas consecuencias irían a ser hechos inevitables, incluso sin participación activa alguna. Hablándole despacio al oido e informándole mis intenciones de salir a comprar un par de latas de cerveza me pareció más digno que despertarla con las molestias que le causaría escabulléndome del departamento, actuando como a escondidas. Y fue una decisión correcta: su reacción a mis palabras fue algo tan simple como un murmuro incomprensible y el darme la espalda al darse vuelta en el sofá cama. Me vestí sigilosamente, tomé las llaves y salí del departamento. Al encontrarme ante la puerta metálica cerrada del ascensor, en la fresca soledad del pasillo del edificio, me invadió una notable sensación de alivio que se prolongó durante los diecisiete pisos que tardó el aparato en subir. Reinaba un silencio agradable que apenas era interrumpido por el zumbido del motor del ascensor. Era bueno estar ahí, afuera del departamento pero aún dentro del edificio, en un interregno singular porque por un lado ya no estaba sometido al calor y a los intricados espacios del departamento, a escasa distancia de una mujer semidormida que ya no me amaba, pero aún en compañía de alguien, no allá afuera, donde me encontraba solo antes de haberla conocido.